/page/2

Amanda, por Paula Castro

Tengo una hija y entonces soy madre. Como madre tengo una misión, ocuparme de que ella sobreviva. Y si esto sale bien, que aprenda. Que se civilice. Los chicos aprenden por repetición. Por copia. Y como están en cero, las primeras instrucciones son básicas. Caminar, tomar agua de un vaso, saludar con la mano. Lo que mejor sabe hacer no se lo enseñé yo directamente, sino que me lo copió y es agarrar un celular o cualquier objeto chato y con botones y apoyárselo en la oreja. A veces balbucea y hace que habla. Esto es esperable en un niño y resulta gracioso para los demás. A mí, como madre, me enorgullece porque aprende, crece. Como mujer no deja de darme vergüenza porque sé que podría enseñarle algo mejor.
Ella trabaja de investigar todo lo que está al alcance de su mano y yo trabajo de mirar que su investigación no la mate ni le ampute algún miembro u órgano.
Un segundo objetivo es estar ahí para evitar que destruya las pertenencias, la casa. Y en ese estar, que tiene muy poco de hacer, incorporo información nueva. En este año aprendí que en los agujeritos de una paleta de paddle entran treinta y seis marcadores Caran d´ache comprados en el aeropuerto de Barajas a medio menemismo y que la infancia de mi hija va a destrozar lo que queda de la mia. Que un kilo de azúcar alcanza para hacer un camino desde la cocina hasta el living, darle una vuelta a la mesa baja, doblar por el pasillo y llegar al baño donde, si soltás el paquete adentro del inodoro, se disuelve el resto del azúcar que sobró y hace un jarabe amarillento. Que barrer azúcar no es tan fácil como parece. Que en una botella de aceite entran por el pico monedas de diez centavos, que tardan un rato en llegar al fondo y se quedan ahí para siempre pero que no alteran el sabor a girasol. Que un pistolete es la mejor herramienta para robarte torta cruda de un bowl gracias a los bordes curvilíneos que dan acceso a todos los rincones. Que se tarda en entender que la gravedad es una ley que no va a fallarte pesen más o menos los objetos y que cierta terquedad humana obliga a comprobarlo durante meses. A veces pasa que algunos objetos se rompen y otros no. Los objetos rotos son nuevos objetos para analizar y no más que eso porque no se lamenta la pérdida si no se conoce uso o valor y que es muy fácil resignificarlos como enteros otra vez.
Un miércoles Amanda sacó un huevo de la heladera lo tiró al piso y tuvo sorpresa. Fue un truco de magia. El huevo estalló y de blanco y redondo se volvió amarillo, chato y viscoso. La yema apenas se cortó y la clara la ayudó a mantener la forma. Amanda se sorprendió o se asustó o se decepcionó o las tres cosas a la vez, frunció la cara y empezó a llorar. Sin abandonar nunca su trabajo de investigadora, caminó segura hasta el huevo, se agachó y metió primero un dedo en el medio de la yema y después la mano entera tratando de capturarla. La yema se escapaba flotando en la clara. Lloró durante  toda la investigación y a mí me hizo gracia el desconcierto frente a algo tan natural como que se rompa un huevo. La miré porque soy madre y miro. Recompuse la secuencia y la trabé en un recuerdo para, si hiciera falta, contárselo cuando ella entienda y sepa que yo, como madre, le debo respuestas, historias y atención y ella me las reclame. Y no más que eso.
Ahí se me escapó otra vez la chance de curtir maternidad. La maternidad de los grandes, la de los padres de familia, la de los libros de sección maternidad. No fui ni la madre cariñosa y dulce que le dice que no, que la heladera no se abre y mucho menos descalza, ni la madre toc por la higiene que se enoja porque hay huevo en el piso justo hoy, que vino Lili a limpiar, ni la mujer sometida que soluciona todo antes de que tu padre vea lo que hiciste ni le justifiqué a un marido qué era eso otro más importante que estaba haciendo yo cuando pasó esto. Tampoco me reí de eso con alguien más y lo compartí en la mesa, a la noche, comiendo helado. Se me quedó a mi sola y yo no hice nada más que mirarla. Esperé a que dejara de llorar, esperé a que logre llevarse algo de clara a la boca para probarla y ponga cara de asco y lo escupa sacando la lengua y no me preocupé demasiado por verla comer huevo crudo porque en mi casa comemos torta cruda del bowl y eso tiene huevo crudo.
Limpié el piso. Limpiar un huevo tampoco es tan fácil como parece porque no se absorbe con rollo de cocina. Tuve que agarrar un cucharón y empujarlo en un envase vacío de yogurt. Levanté las cascaritas y después pasé un trapo húmedo. El piso quedó pegoteado hasta el jueves siguiente que vino Lili.
Otros días estoy más dócil o más débil y dejo que se me cuelen cuadros que no son míos, como si me fuera juntando las figuritas difíciles, aunque sean prestadas, de una maternidad que no salió como esperaba. Nico tocó timbre, Amanda dijo papá y corrió a la puerta, yo la ayudé a colgarse del picaporte, la abrimos juntas y lo hicimos pasar un rato. Ese día, mientras la terminaba de cambiar y había un padre mirando, fui más madre. Y le conté todas las veces que Amanda dice papá cuando él no está y él me contó que intenta que Amanda diga mamá, porque me lo merezco dice, pero que no repite, pero que aprendió a decir leche, y tres si le adelantas el uno… dos… y…. que desde la esquina ya dice abu y que mientras le das de comer pide agua, fuerte y claro. Amanda no dice mamá y a mí me detona y yo no lo digo pero él lo sabe y nos cubrimos en eso, somos socios. La bajé de la cama y antes de que le pusiera las zapatillas salió corriendo al baño a robarse la pasta de dientes para comérsela y la reté. Y como pocas veces le sucede de tener la chance de buscar consuelo en otro que no sea yo y construir de a poco un amor propio que tenga más sentido, aprovechó la presencia del padre y corrió a buscar a Nico, que se prestó para armar un cuadro perfecto y le dijo que no, que no lo busque a él, que la mamá le estaba hablando. Me conseguí otra figurita: “late”. Nos sonreímos, porque separados descubrimos que la paternidad es más real si hay otro al lado para acompañarte, al menos hasta que Amanda nos hable y nos reclame.  Mientras tanto se nos parece más a un juego y lo dramatizamos porque en el fondo sabemos que nos estamos haciendo un favor a los dos y la impresión queda perfecta en el recuerdo porque no hay repetición ni rutina que la agote y así desfiguramos nuestra cotidianeidad de padres solos. Yo me aflojo y le cuento que el miércoles, mientras limpiaba el piso entró el sol de la tarde por la ventana y se dibujaron los rayos en el aire, se veían las partículas de polvo brillantes flotando, Amanda las descubrió y trató de agarrarlas en puntas de pie hasta que las nubes se movieron un poco más y desaparecieron.

Eagles of Death Metal – Addicted To Love
[Flash 9 is required to listen to audio.]

Whoa you like to think you are inmune to that stuff oh yeah

Deriva X 4, pensando en voz alta, parte uno

1) Estoy en La Paloma muy cerca de un mar y de bosques densos con olor a eucalipto, una vegetación descontrolada, quiero decir: no planificada. Acaricié plantas de aloe vera y pensé como pensaría mi mamá: qué conmovedora planta, qué suave es y cómo es la naturaleza, tan perfecta, que esos pinches duros que tiene alrededor deben estar para proteger la suavidad carnosa que contiene esa savia bendita que nos cicatriza las heridas, que nos alivia la piel, que cura, cura, cura, cura…

Aterrizamos en Punta del Este en un avión de la empresa Pluna, un vuelo de cuarenta minutos ridículos por un precio web también sin lógica. Es barato a menos que viajes, como fue este caso, con bicicleta, ahí te cobran como si llevaras dos equipajes. O sea si llevás un equipaje también te lo cobran, ¿se entiende? Cualquier cosa que despaches la tenés que pagar y queda desmentido escandalosamente y en dos segundos el verso del precio web.

Salí del aeropuerto, crucé la ruta y esperé un colectivo que según habían dicho por teléfono me iba a llevar hasta La Paloma.

Esperé veinte minutos, con mi compañero, dudamos, en silencio, de que fuera a pasar, tratamos de contener nuestras dudas en función de no instalarle al otro la angustia, aunque sabíamos, que era una posibilidad, que lo dicho por una equis, por teléfono, podía no ser cierto y que, si era cierto, dependíamos de que el micro parara, en medio de la ruta, y, si no lo hacía, íbamos a terminar con las bicis y los bolsos, en la ruta, sin tener muy claro, cómo resolver el traslado, sin la capacidad física, emocional, ninguna posible capacidad de pedalear cien kilómetros.

Hasta que llegó la empresa indicada: Tureste, lo vimos venir, hicimos fuerza, y el micro frenó y apenas frenó nos calzamos las mochilas, y fuimos al encuentro de un colectivero que bajó –sonriente y presto- con un brazo notoriamente más chico que el otro que, sin embargo, no le afectaba para conducir, se ve, y nos dijo: “subimos todo a la bodega, tranquilos”, parece que algo nos vió, algo de angustia, algo de ansiedad, en las caras, no sé qué, pero fue un alivio subirnos. Y que nos trataran bien. 

El ayudante nos dejó acomodarnos antes de pasar a cobrar y charló un ratito, mucho ta, mucho merece, mucha amabilidad que no quise atribuir a la geografía; estuve tentada -y sigo- de pensar: “qué divinos los uruguayos”, pero me gustaría complejizarlo más, me gustaría ser más compleja o introducir más variables, por ejemplo:

en muchos lugares chicos la gente es solidaria, no es exclusivo de este lugar; puede ser que justo los que me tocaron a mí sean amables; puede ser que, al ser un lugar turístico, todos los gestos estén pensados en función de proteger las finanzas locales; en Pluna nos dijeron una cosa e hicieron otra, que resultó en beneficio de ellos, ¿siempre es así? O bien ¿puede ser de otra manera? O ¿Is that all that is? las empresas nos garcan, pero no, Pluna es mala y Tureste buena, entonces, cómo hacemos para conciliar intereses, para que una empresa se relacione con una persona, en términos menos asimétricos, cómo hacemos coincidir unos intereses con otros, “eso es algo que tenemos que resolver porque las instituciones existen, las empresas existen, y las necesitamos para hacer un país mejor”, me dijo un amigo, que me ayudó a pensar esta idea y creo que tiene razón.

Puede ser, también, que existan sociedades un poco más articuladas en este sentido, que hayan logrado acercarse un poco más al arte de hacer coincidir intereses. Una sociedad en la que si la empresa te dice que pasa un colectivo a tal hora en el medio de la ruta, pasa. Y podés confiar. No te quieren engañar, no encuentran el motivo para decirte que algo que no es, es.  

2) Cuando uno se toma días para descansar empieza a ver planos detalle de las cosas: por ejemplo en el camino desde Rocha a La Paloma:

un gato marrón claro con manchas negras alrededor de los ojos salió por la ventana de una casita cercana a la ruta y caminó por arriba de un cerco de madera.

una señora canosa caminaba por el bosque, lejos, sola y con dificultad, la anciana me dio miedo, pensé en Lynch, en Twin Peaks y fui cantando:

tan,

tan-tan,

tan

tan-tan,

tiruriru,

 

3) Leí en Artepolítica un texto escrito por @liondart a quién no conozco más que de seguirlo e intercambiar en twitter, siento, que no me banca mucho, que no comparte mis ideas, pero igual nos seguimos, me parece bueno poder hacerlo, porque me ayuda a pensar como en este caso y entonces entré a su texto que linkeó en twitter: “La violencia funciona” donde reflexiona sobre la participación irremediable de la violencia en la política y aclara que “no le gusta” pero que parecería ser inherente al ejercicio político.

@liondart dice: la violencia fue ejercida por el peronismo con la triple A, por el antiperonismo en la dictadura, por la Libertadora, y así, se resigna, a que el modo de avanzar es –y bueno- un poco pisándonos la cabeza entre todos.

Es cierto lo que dice: la violencia forma parte de nuestra historia de una manera insoportable desde la fundación misma del Estado nacional.

Parece una condición, damos eso por entendido acordamos que sí, que es así, “la violencia funciona” pero ¿acordaríamos en imaginar siquiera  otra forma de funcionamiento de la política?

No es muy alentador, si empezamos por el modo de discutir, leer algunos tipos agresivos, nos da ganas de radicalizarnos, o peor, de no querer ni asomar la cabeza, total, te van a maltratar y van a decirte nazi o a acusarte de cobrar del kirchnerismo o de la corpo. A meterte adentro de algún prejuicio de ellos. 

4) La municipalidad de La Paloma tiene unos carteles -los que pego en este post-  que me dejaron pensando en cómo tendríamos que hacer para prestarnos más atención, para cuidarnos entre nosotros un poco más, para no salir corriendo a pedir más Estado –por ejemplo- en los recitales, en los conglomerados donde se juntan muchas personas, en cualquier lugar donde se juntan multitudes, cómo podríamos hacer para crear unas reglas, sin decirlas, para cuidarnos entre nosotros, pongo el ejemplo del recital, porque me parece que ahí hay un acuerdo mínimo, un reconocimiento más fácil, más instantáneo con el otro, que vas, que el otro va, como vos, que comparten el gusto por la música, tienen la misma remera quizás, ninguno quiere salir lastimado y si alguien quiere, tendrá cuidado, de no lastimar a nadie más, podríamos hacer demostraciones de ser más articulados socialmente, empezar en algún lado, en algún momento, con algún grupo de personas, de abajo para arriba, de lo micro, no por ser bueno, eh, nada que ver dios en todo esto, más por el deseo de que exista una ética para cuidar al otro, y que eso es realmente conveniente para todos. Que eso sería una forma de hacer una política entre nosotros, no condenada a la violencia. 


awesomepeoplehangingouttogether:

Groucho Marx and George Carlin

awesomepeoplehangingouttogether:

Groucho Marx and George Carlin

1983

El jueves iba en el 39 por Talcahuano justo cuando las cámaras de televisión entrevistaban a un tipo alto y grandote. Apenas llegué a la oficina, leí en las noticias que media hora antes el dueño de una joyería había matado a un ladrón. A la vuelta de mi trabajo, sobre la calle Salta, hay dos prostíbulos. Muchas veces, como a las siete de la mañana, veo chicas muy jóvenes asomarse, salir, entrar y subirse a autos; también varias veces veo autos de la policía estacionados muy cerca. Vivo en el mundo. Entonces sé que está todo mal, que hay personas que matan a otras, que explotan a otras, que mientras vos vas en el colectivo, mientras vos vivís, hay algunos que matan a otros, que someten a otros, que abusan. No vivo mirando mi propia vida ni soy ingenua. Aún con ojos optimistas, el mundo es una mierda. Hay personas que maltratan, que no hacen nada por ser mejores, por armar vínculos mejores. Lo sé. Igual, igual, quiero contar una historia de fe en las personas.

El año pasado tuve la suerte de ser incluida en un grupo de trabajo que investiga e intenta escribir sobre  la transición democrática argentina, una tarea hermosa, para mí, educativa.  Consistió en leer libros, varios de Raúl Alfonsín, uno de Horacio Verbitsky llamado  La posguerra sucia, una antología llamada Discutir Alfonsín que compré con entusiasmo pensando que era un poco más generoso que Verbitsky y que me terminó gustando mucho, en especial el artículo que habla de los derechos sexuales, bueno, y muchos otros libros más.

En casi todas las lecturas de la época hay acuerdo en cuanto a la impresentabilidad del candidato peronista. Ni se gastaban mucho en defenestrarlo porque Luder se enterraba solo cuando prometía perdonar a los militares y volverlos a convocar si hiciera falta “para contener a las fuerzas de la subversión”; Luder se mataba solo con esos actos de violencia, con esos actos que mostraban cosas relativas a la violencia y a la muerte o a los muertos que vuelven, los zombies, como es una constante, en cierta estética de los dos partidos tradicionales, las estampitas, la muerte, los muertos, que vuelven, los zombies.  De todas maneras, la mayoría de la sociedad no se alió con la muerte en aquel momento y ganó Alfonsín –aún- cuando todas las encuestas en los diarios de la época daban ganador al peronismo.

Y aprovecho para decir –por si me lee alguien que pueda tomar cartas en el asunto- que es lamentable y alarmante el estado de los diarios en la hemeroteca del Congreso de la calle Alsina.

Entre las horas robadas al ocio para ir a la hemeroteca, para leer y escribir, las que más me gustaron fueron las horas de escuchar y conversar con personas que vivieron esos momentos.

Por ejemplo, Nela. Ella es una mujer flaca y coqueta que sin embargo casi nunca habla de ropa y siempre está preocupada y enterada de los asuntos públicos, pero a veces triste, como añorando una cosa que ella conoció de dirigentes radicales con los que trabajó, algo que podría definirse como decencia para ejercer la función pública. Algo así, perdido, anticuado. Nela habla siempre de Illia y a veces se le llenan los ojos de lágrimas. ¿Por qué no se puede ser sentimental con Illia o con Alfonsín? ¿Eh? Me hubiera pasado mil horas escuchándola.

Sé que puede enojarse por esto que escribo, pero la verdad lo que me dijo es importante y yo se los quiero contar:  

Nela trabajaba con Antonio Tróccoli, que fue el ministro del Interior de Alfonsín durante la transición democrática. Imaginen habitar un despacho que antes había sido ocupado por los militares. Imaginen también que muchas de las personas que trabajaban como administrativas de ese estado autoritario siguieron trabajando en el traspaso a la democracia; Alfonsín tenía una idea clara sobre eso, me dice Nela, y le creo porque Alfonsín antes de ser Presidente ya había escrito varios libros, artículos, había comprometido su opinión en temas ásperos como la guerra de Malvinas, era un estudioso y un tipo que antes de llegar al poder tenía el plan de llegar al poder y el plan de cómo ejercer el poder.  Después hizo como pudo en un contexto salvaje, bueno, pero entonces Nela me cuenta que Alfonsín no quería echar así, sin razón, a las personas dedicadas a llenar formularios, a sacar fotocopias, a atender el teléfono. Y revivía también su propia reacción: le parecía una locura, ¿cómo se podía confiar en esa gente? Hasta que entendió un poco más el primer día que pisó el Ministerio del Interior.

El primer día de democracia en el Ministerio del Interior, el cuadro era el siguiente: antes de irse, los militares habían dejado escrita la orden de destruir todas las carpetas con información detallada sobre los desaparecidos. Nela se encontró con pilas y pilas de carpetas detrás de esas máquinas trozapapeles enormes que hay en las oficinas y que particularmente me gustan porque las más grandes parecen robots. Pero no me quiero dispersar con los objetos que parecen personas por más apasionante que me resulte el tema. Nela se fue encontrando con una administrativa, con otro, que brotaban de los rincones como “the others” en Lost y todavía con miedo, en voz bajita le decían que no, que no habían obedecido esa orden final. Que ahí estaba toda la información sobre los desaparecidos. Y ahí lo entendí a Alfonsín, me dijo Nela, entendí por qué había que confiar y darle una oportunidad a las personas. Ese día Nela revisó una por una las carpetas, organizó por nombre, lloró, miró fotos, todo tirada en el piso, rodeada de carpetas, que después entregó a la APDH, que después fueron a la CONADEP que después fueron al Nunca Más, que después sirvieron en el Juicio a las Juntas.

Otra cuestión reveladora de esa época es el debate parlamentario por la derogación de la Autoamnistía, la primera Ley que mandó Alfonsín al Congreso. El bloque peronista decía que el tema era tan importante que no lo querían aprobar así nomás el primer día. Los radicales decían que no había nada más que pensar. Que había que derogar ese autoperdón de los militares para poder juzgarlos. Históricamente en el país los militares se habían autoamnistiado. La ley salió. Y gracias a que salió se pudo hacer el Juicio. Y el Juicio sigue siendo una experiencia inédita en el mundo que sirvió como modelo para otros países.

Néstor Kirchner dijo en 2004 que durante veinte años se había hecho silencio sobre el tema de los derechos humanos en el país y se mostró descolgando el cuadro de Videla, heroico, rodeado de militares recuperados, rodeado en definitiva de la democracia que su propio partido no estuvo muy claramente comprometido a defender en esos años, en los que, todos los países de alrededor vivían dictaduras, la deuda externa argentina era enorme, todo era nuevo. Néstor, con todo a favor, con la democracia consolidada no reconoció el enorme trabajo iniciado entonces. 

Pero bueno, si uno mira la historia -los hechos históricos- no puede esperar nunca gestos de grandeza de un hombre como fue Néstor. 

Parece como que ya no fueran tan importantes los hechos y todo girara en torno a la percepción que la mayoría tiene de los hechos.

Pero todo esto me queda grande y mejor cuento algo más:  

Nela, en el ‘83, recibía a todos los que venían a ver a Tróccoli. Imaginate, me decía, un sacerdote entrando como loco a pedir que saquen de cartel una película ofensiva para la Iglesia. Imaginate que en la dictadura ese hombre tenía poder, era escuchado, ahora había que decirle que no, que nada que ver, que sus reclamos ya no tenían nada que ver, que el sistema era otro. Fijate en el día a día cómo había que ir cambiando las reglas de convivencia, el trato diario con las personas.

Hay muchas más historias que me contó Nela, entre otras una sorprendente tiene que ver con los presos, con todos los que estaban presos al momento de asumir Alfonsín. Había que verificar quién estaba preso por qué, liberar a quiénes correspondiera, considerar caso por caso. Un trabajo monumental. Pero antes Alfonsín ordenó al ministerio de Interior poner en marcha un operativo para mover a todos los presos a sus provincias, para que pasaran las fiestas cerca de sus familiares.  No sé como lo hicimos, pero lo logramos, me dijo Nela.

Twitter ya es un recuerdo

http://www.youtube.com/watch?v=QwrbyVaC6EU&ob=av2e

1- Me enteré de la muerte de Néstor por un tweet de Victor Hugo Morales. O sea como vive en otros el recuerdo del audio de la radio de la muerte de Evita, algo así.  

2- Como me había mudado hace poquito empecé a usar un colectivo nuevo: el 168, uno de los primeros en incorporar en todas sus unidades el sistema SUBE -que hoy ya está en casi todas las líneas. Un día alguien que no conocía, digamos que su nombre es Jota, puso en tuiter algo sobre el 168. Respondí. Después puse algo sobre un Festipulenta, y agregué ¿quién va? y Jota respondió que iba -en el 168. Nos conocimos y nos hicimos amigos, hablamos horas por chat, fuimos a varios recitales y al BAFICI, -ah- y jugamos al paddle. No hubo intenciones románticas. O no fueron atendidas. Hoy capaz que vamos a Niceto a ver a los 107 faunos y a Rosario Bléfari.  Jota es el primer amigo que conocí en tuiter. Lo que para mí es una fiesta, o festejable, es comprobar que tenés mucho en común con algunas personas, es políticamente poderoso, mirá todo lo que tenemos en común, mirá cómo nos podemos ayudar a ser más felices. Algo así. Políticamente bio. No políticamente militante. 

3-Lo mejor es que cuando uno se va a informar a twitter lo hace con varios. Es algo así: la información está toda ahí dando vueltas en la nube, en los diarios, los blogs, etc. El ejercicio colectivo es como una especie de curaduría, es elegir qué leer, señalar lo interesante, marcar los párrafos más desopilantes. Se vuelve un ejercicio crítico entre varios, se vuelve una conversación entre varios que puede terminar mal o bien, pero siempre es libre y más sana, creo yo, que quedarte solo masticando la bronca de fumarte a los que hablan en nombre de las mayorías. También es social: son de primera mano las recomendaciones de películas, de música, restaurants, reuniones, bicicletas, lo que sea te lo va a decir uno como vos, no uno que lo vende. Tengo encima varias organizaciones de cenas por DM y ni hablar de las experiencias exitosas de los amigos que resuelven amor y sexo por DM. No es mi caso. Pero no hay que negar que eso anda muy bien también. 

4- Un día estaba tuiteando algo que había pasado en un asado en mi casa y tuve un llamado en vivo, de una amiga, diciendome ¿eso es sobre mí? Un aprieto, malentendidos. También.  

5- En otro asado sonó el celular de un amigo, atendió, puso cara de preocupado, juró que estaba cenando, que no era él y después empezó a llorar de la risa, resulta que había uno que le había robado la identidad, o sea había abierto un tutier con su nombre y puteaba a todo el mundo. Los que intervienen tuiter. 

6-No digo que el futuro sea esto, porque el futuro es una cosa que siempre se está moviendo allá adelante. Pero si digo que el pasado es negar que eso existe y cambia las formas de relacionarse, no voy a decir las revoluciones que se organizan blá blá porque ya lo pensaron todos los que piensan con los moldes para pensar las cosas, me aburre, para mí lo interesante es el día cotidiano de una persona que se levanta, se informa de lo que quiere, opina, discute, canta una canción, y no tiene que ver con estar solo o al pedo sino con una inquietud de algunos de salir a la vida pública a ver qué pasa, a ver qué piensan los amigos, y los enemigos, y disputar las palabras y expresarse, que no olvidemos, quiere decir salir de la prisión.  

7- O sea que los recuerdos de un grupito re chiquito de nabos -pero nabos de esta época- para dentro de cuarenta años van a tener pajaritos celestes, ruiditos de tweetdeck, arrobas, #FF y muchos buenos chistes y muchas buenas ideas. No te digo resistencia, ni batalla cultural porque me queda enorme. Es sábado a la mañana y me dieron ganas de festejar esta época. Agarramos tuiter y lo hicimos bolsa. Mientras algunos hablan de Gutemberg y del capitalismo salvaje.  

8- Una última cosa: “you only get what you give away, you only get it, if you give it away” así dice la letra de la canción de Is Tropical que les puse ahí arriba. No supe como hacer que aparezca el video pero la idea era que escucharan y leyeran al mismo tiempo. 

Tengo preguntas

¿Por dónde empezás a explicarle a alguien que tiene la cabeza en cero, cómo hacés el ejercicio chiquito de desmenuzar, de explicarle a un alien, le robo la idea -porque me sirve para pensar- a Angeles Salvador:

¿Cómo le contarías a un alien la asunción demencial de ayer?

¿Por dónde empezás? 

¿Cómo se mira lo de ayer, pero te digo mirarlo de muy cerca? ¿Qué significan los gestos exagerados, los llantos, las invocaciones?¿Por qué genera en algunos tanto desconcierto, miedo, o angustia, o intuición de que todo eso está mal, o puede terminar muy mal, o es mentira, o es tan irracional que puede habilitar cualquier cosa? ¿Qué tiene que ver la política con todo eso? 

¿Es la creación de una subjetividad? ¿Miles de individuos sintiendo un mismo sentimiento basado en una creencia? ¿Nadie va a decir la verdad? ¿Cuáles van a ser las consecuencias? 

Arcade Fire – In the Backseat
[Flash 9 is required to listen to audio.]

elempate:

DESDE EL ASIENTO DE ATRÁS

El iTunes tiene un contador, mamá, no lo vas a entender pero juguemos a que sí, que dice que la canción que más veces escuché este año es In the backseat, de Arcade Fire. Es incómodo que ese aparato sepa tanto de mí mismo, o es otro indicio de que la CIA nos tiene agarrados de los huevos. Pero se puede pensar menos torcido, para el lado de los inocentes: capaz que esa función nos ayuda a conocerme un poco.

Cuando empieza, la canción es una chica que puede tener catorce años o veinte o veintisiete: puede tener la edad que quiere pero todavía no se dio cuenta. Puede cantar y lo sabe; podría volar y no lo sabe, podría coger, robar un banco, tiene un vestido largo con lunares. La tela del fondo es beige, los círculos son grandes y de un color pastel que no es amarillo porque no se anima. Es la mujer de Truman Burbank, su sonrisa impostada, vendiéndole al marido un artículo de cocina que cumple tres funciones. Es Julianne Moore en Las Horas, sentada a su mesa de roble, su hijo enfrente, la torta que cocinó para el marido, su amiga torta, los labios en los labios de ella, el mundo que no le enseñaron, los grises infinitos entre la ingenuidad y las ganas de saltar, el miedo.

Está sola contra sí misma, mirándose a los ojos, y de a poco es un boxeador sentado en el banquito, agitando los gemelos y el protector bucal desde la planta del pie. Hay un fuego circular, una olla arriba, agua adentro. Cuando se liberan las burbujas nace una guitarra blanda y la chica dispara su voz aguda con menos pudor. En adelante, hasta el fin de la canción y hasta el fin de los tiempos, se hamaca sobre un violín. El viaje es un péndulo que se estira y es conmovedor mirarla, porque el vestido se infla con el viento y le dibuja las piernas escondidas.

Por un momento se retira al desierto, a tomar agua en silencio, son cuarenta días y cuarenta noches o son cuatro segundos, no importa, pero importa que está sola, que piensa en lo que está por hacer, que sabe que va a haber quilombo. No es que dude, es que respira. Entonces infla los pulmones y vuelve, primero al paso, después al trote, después como un tren y en forma de ruido, pero atrás del ruido están sus verdades, todas las que supo conseguir y quedan dichas para siempre, entre llantos y trompadas. La hamaca de violines se ensucia, hay algo que distorsiona el péndulo y oxida las cadenas, porque cualquier revolución persiste entre las piedras, para adelante pero entre saltos. Si esto fuera Hollywood, ella abriría los brazos mirando al cielo, tomada desde abajo para la victoria, y empezaría a llover. El agua le plancharía el pelo y la camisa hasta el relieve de los pezones, lo suficiente para ser elegante pero no porno. Pero la realidad usa menos resaltadores y ya dije que ella usa un vestido con lunares, querámosla así. El souvenir del viaje es un estado de conciencia absoluto sobre las batallas propias, que son las únicas que importan.

En los primeros lugares de mi listado de películas favoritas

En los primeros lugares de mi listado de películas favoritas

Cartas Profanas de Luis Mattini

Comparto un pedacito de una carta apócrifa de Witold Gombrowicz a Robi Santucho, de una novela que hizo el ex PRT-ERP Luis Mattini. Le habla en tono de gastada, pero son amigos. 

“…Ahora vos transformar en comandante disciplinado y disciplinador, vos escudar en el idealismo de la “gran causa”, tan grande que exceder Tucumán, exceder la Argentina, abarcar todo continente. Bolívar quedar hecho poroto al lado tuyo. Robi, cuánto de enorme y sublime debe ser tu bárbaro instinto para cargar sobre espaldas el invento de una guerra, no sólo larga en tiempo, sino también extensa en geografía y planificar tan minuciosamente que no dejar un mínimo lugar para azar…

Y yo decir, por otra parte, que el inaudito grado de utilitarismo que emanar semejante estrategia confirmar mis dudas sobre la sinceridad de ese idealismo revolucionario. Vida misma pasar a ser utilitaria a estrategia. Vida, sentimientos, amor, arte, las amistades, todo convertir en utilizable, todo tener valor sólo en esa relación. Sarte o Gombrowicz valer no como poetas, filósofos, personas, amigos, sino por poder servir a estrategia. Vos tratar a nosotros como condones y luego tirar. Teatro, cine, pintura, literatura en función de esa estrategia, y pa peor, de esos estrategas. Ya que vos nombrar Ionesco, yo copiar a vos frase de él: “Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya”.

http://www.lafogata.org/recopilacion/luis.22.2.htm

awesomepeoplehangingouttogether:

Neil Young, Dave Matthews, John Mellencamp and Willie Nelson

awesomepeoplehangingouttogether:

Neil Young, Dave Matthews, John Mellencamp and Willie Nelson

¡FREE HUGS!

¡FREE HUGS!

Amanda, por Paula Castro

Tengo una hija y entonces soy madre. Como madre tengo una misión, ocuparme de que ella sobreviva. Y si esto sale bien, que aprenda. Que se civilice. Los chicos aprenden por repetición. Por copia. Y como están en cero, las primeras instrucciones son básicas. Caminar, tomar agua de un vaso, saludar con la mano. Lo que mejor sabe hacer no se lo enseñé yo directamente, sino que me lo copió y es agarrar un celular o cualquier objeto chato y con botones y apoyárselo en la oreja. A veces balbucea y hace que habla. Esto es esperable en un niño y resulta gracioso para los demás. A mí, como madre, me enorgullece porque aprende, crece. Como mujer no deja de darme vergüenza porque sé que podría enseñarle algo mejor.
Ella trabaja de investigar todo lo que está al alcance de su mano y yo trabajo de mirar que su investigación no la mate ni le ampute algún miembro u órgano.
Un segundo objetivo es estar ahí para evitar que destruya las pertenencias, la casa. Y en ese estar, que tiene muy poco de hacer, incorporo información nueva. En este año aprendí que en los agujeritos de una paleta de paddle entran treinta y seis marcadores Caran d´ache comprados en el aeropuerto de Barajas a medio menemismo y que la infancia de mi hija va a destrozar lo que queda de la mia. Que un kilo de azúcar alcanza para hacer un camino desde la cocina hasta el living, darle una vuelta a la mesa baja, doblar por el pasillo y llegar al baño donde, si soltás el paquete adentro del inodoro, se disuelve el resto del azúcar que sobró y hace un jarabe amarillento. Que barrer azúcar no es tan fácil como parece. Que en una botella de aceite entran por el pico monedas de diez centavos, que tardan un rato en llegar al fondo y se quedan ahí para siempre pero que no alteran el sabor a girasol. Que un pistolete es la mejor herramienta para robarte torta cruda de un bowl gracias a los bordes curvilíneos que dan acceso a todos los rincones. Que se tarda en entender que la gravedad es una ley que no va a fallarte pesen más o menos los objetos y que cierta terquedad humana obliga a comprobarlo durante meses. A veces pasa que algunos objetos se rompen y otros no. Los objetos rotos son nuevos objetos para analizar y no más que eso porque no se lamenta la pérdida si no se conoce uso o valor y que es muy fácil resignificarlos como enteros otra vez.
Un miércoles Amanda sacó un huevo de la heladera lo tiró al piso y tuvo sorpresa. Fue un truco de magia. El huevo estalló y de blanco y redondo se volvió amarillo, chato y viscoso. La yema apenas se cortó y la clara la ayudó a mantener la forma. Amanda se sorprendió o se asustó o se decepcionó o las tres cosas a la vez, frunció la cara y empezó a llorar. Sin abandonar nunca su trabajo de investigadora, caminó segura hasta el huevo, se agachó y metió primero un dedo en el medio de la yema y después la mano entera tratando de capturarla. La yema se escapaba flotando en la clara. Lloró durante  toda la investigación y a mí me hizo gracia el desconcierto frente a algo tan natural como que se rompa un huevo. La miré porque soy madre y miro. Recompuse la secuencia y la trabé en un recuerdo para, si hiciera falta, contárselo cuando ella entienda y sepa que yo, como madre, le debo respuestas, historias y atención y ella me las reclame. Y no más que eso.
Ahí se me escapó otra vez la chance de curtir maternidad. La maternidad de los grandes, la de los padres de familia, la de los libros de sección maternidad. No fui ni la madre cariñosa y dulce que le dice que no, que la heladera no se abre y mucho menos descalza, ni la madre toc por la higiene que se enoja porque hay huevo en el piso justo hoy, que vino Lili a limpiar, ni la mujer sometida que soluciona todo antes de que tu padre vea lo que hiciste ni le justifiqué a un marido qué era eso otro más importante que estaba haciendo yo cuando pasó esto. Tampoco me reí de eso con alguien más y lo compartí en la mesa, a la noche, comiendo helado. Se me quedó a mi sola y yo no hice nada más que mirarla. Esperé a que dejara de llorar, esperé a que logre llevarse algo de clara a la boca para probarla y ponga cara de asco y lo escupa sacando la lengua y no me preocupé demasiado por verla comer huevo crudo porque en mi casa comemos torta cruda del bowl y eso tiene huevo crudo.
Limpié el piso. Limpiar un huevo tampoco es tan fácil como parece porque no se absorbe con rollo de cocina. Tuve que agarrar un cucharón y empujarlo en un envase vacío de yogurt. Levanté las cascaritas y después pasé un trapo húmedo. El piso quedó pegoteado hasta el jueves siguiente que vino Lili.
Otros días estoy más dócil o más débil y dejo que se me cuelen cuadros que no son míos, como si me fuera juntando las figuritas difíciles, aunque sean prestadas, de una maternidad que no salió como esperaba. Nico tocó timbre, Amanda dijo papá y corrió a la puerta, yo la ayudé a colgarse del picaporte, la abrimos juntas y lo hicimos pasar un rato. Ese día, mientras la terminaba de cambiar y había un padre mirando, fui más madre. Y le conté todas las veces que Amanda dice papá cuando él no está y él me contó que intenta que Amanda diga mamá, porque me lo merezco dice, pero que no repite, pero que aprendió a decir leche, y tres si le adelantas el uno… dos… y…. que desde la esquina ya dice abu y que mientras le das de comer pide agua, fuerte y claro. Amanda no dice mamá y a mí me detona y yo no lo digo pero él lo sabe y nos cubrimos en eso, somos socios. La bajé de la cama y antes de que le pusiera las zapatillas salió corriendo al baño a robarse la pasta de dientes para comérsela y la reté. Y como pocas veces le sucede de tener la chance de buscar consuelo en otro que no sea yo y construir de a poco un amor propio que tenga más sentido, aprovechó la presencia del padre y corrió a buscar a Nico, que se prestó para armar un cuadro perfecto y le dijo que no, que no lo busque a él, que la mamá le estaba hablando. Me conseguí otra figurita: “late”. Nos sonreímos, porque separados descubrimos que la paternidad es más real si hay otro al lado para acompañarte, al menos hasta que Amanda nos hable y nos reclame.  Mientras tanto se nos parece más a un juego y lo dramatizamos porque en el fondo sabemos que nos estamos haciendo un favor a los dos y la impresión queda perfecta en el recuerdo porque no hay repetición ni rutina que la agote y así desfiguramos nuestra cotidianeidad de padres solos. Yo me aflojo y le cuento que el miércoles, mientras limpiaba el piso entró el sol de la tarde por la ventana y se dibujaron los rayos en el aire, se veían las partículas de polvo brillantes flotando, Amanda las descubrió y trató de agarrarlas en puntas de pie hasta que las nubes se movieron un poco más y desaparecieron.

awesomepeoplehangingouttogether:

Louis CK & Marc Maron

awesomepeoplehangingouttogether:

Louis CK & Marc Maron

awesomepeoplehangingouttogether:

Al Pacino and Christopher Walken

awesomepeoplehangingouttogether:

Al Pacino and Christopher Walken

Deriva X 4, pensando en voz alta, parte uno

1) Estoy en La Paloma muy cerca de un mar y de bosques densos con olor a eucalipto, una vegetación descontrolada, quiero decir: no planificada. Acaricié plantas de aloe vera y pensé como pensaría mi mamá: qué conmovedora planta, qué suave es y cómo es la naturaleza, tan perfecta, que esos pinches duros que tiene alrededor deben estar para proteger la suavidad carnosa que contiene esa savia bendita que nos cicatriza las heridas, que nos alivia la piel, que cura, cura, cura, cura…

Aterrizamos en Punta del Este en un avión de la empresa Pluna, un vuelo de cuarenta minutos ridículos por un precio web también sin lógica. Es barato a menos que viajes, como fue este caso, con bicicleta, ahí te cobran como si llevaras dos equipajes. O sea si llevás un equipaje también te lo cobran, ¿se entiende? Cualquier cosa que despaches la tenés que pagar y queda desmentido escandalosamente y en dos segundos el verso del precio web.

Salí del aeropuerto, crucé la ruta y esperé un colectivo que según habían dicho por teléfono me iba a llevar hasta La Paloma.

Esperé veinte minutos, con mi compañero, dudamos, en silencio, de que fuera a pasar, tratamos de contener nuestras dudas en función de no instalarle al otro la angustia, aunque sabíamos, que era una posibilidad, que lo dicho por una equis, por teléfono, podía no ser cierto y que, si era cierto, dependíamos de que el micro parara, en medio de la ruta, y, si no lo hacía, íbamos a terminar con las bicis y los bolsos, en la ruta, sin tener muy claro, cómo resolver el traslado, sin la capacidad física, emocional, ninguna posible capacidad de pedalear cien kilómetros.

Hasta que llegó la empresa indicada: Tureste, lo vimos venir, hicimos fuerza, y el micro frenó y apenas frenó nos calzamos las mochilas, y fuimos al encuentro de un colectivero que bajó –sonriente y presto- con un brazo notoriamente más chico que el otro que, sin embargo, no le afectaba para conducir, se ve, y nos dijo: “subimos todo a la bodega, tranquilos”, parece que algo nos vió, algo de angustia, algo de ansiedad, en las caras, no sé qué, pero fue un alivio subirnos. Y que nos trataran bien. 

El ayudante nos dejó acomodarnos antes de pasar a cobrar y charló un ratito, mucho ta, mucho merece, mucha amabilidad que no quise atribuir a la geografía; estuve tentada -y sigo- de pensar: “qué divinos los uruguayos”, pero me gustaría complejizarlo más, me gustaría ser más compleja o introducir más variables, por ejemplo:

en muchos lugares chicos la gente es solidaria, no es exclusivo de este lugar; puede ser que justo los que me tocaron a mí sean amables; puede ser que, al ser un lugar turístico, todos los gestos estén pensados en función de proteger las finanzas locales; en Pluna nos dijeron una cosa e hicieron otra, que resultó en beneficio de ellos, ¿siempre es así? O bien ¿puede ser de otra manera? O ¿Is that all that is? las empresas nos garcan, pero no, Pluna es mala y Tureste buena, entonces, cómo hacemos para conciliar intereses, para que una empresa se relacione con una persona, en términos menos asimétricos, cómo hacemos coincidir unos intereses con otros, “eso es algo que tenemos que resolver porque las instituciones existen, las empresas existen, y las necesitamos para hacer un país mejor”, me dijo un amigo, que me ayudó a pensar esta idea y creo que tiene razón.

Puede ser, también, que existan sociedades un poco más articuladas en este sentido, que hayan logrado acercarse un poco más al arte de hacer coincidir intereses. Una sociedad en la que si la empresa te dice que pasa un colectivo a tal hora en el medio de la ruta, pasa. Y podés confiar. No te quieren engañar, no encuentran el motivo para decirte que algo que no es, es.  

2) Cuando uno se toma días para descansar empieza a ver planos detalle de las cosas: por ejemplo en el camino desde Rocha a La Paloma:

un gato marrón claro con manchas negras alrededor de los ojos salió por la ventana de una casita cercana a la ruta y caminó por arriba de un cerco de madera.

una señora canosa caminaba por el bosque, lejos, sola y con dificultad, la anciana me dio miedo, pensé en Lynch, en Twin Peaks y fui cantando:

tan,

tan-tan,

tan

tan-tan,

tiruriru,

 

3) Leí en Artepolítica un texto escrito por @liondart a quién no conozco más que de seguirlo e intercambiar en twitter, siento, que no me banca mucho, que no comparte mis ideas, pero igual nos seguimos, me parece bueno poder hacerlo, porque me ayuda a pensar como en este caso y entonces entré a su texto que linkeó en twitter: “La violencia funciona” donde reflexiona sobre la participación irremediable de la violencia en la política y aclara que “no le gusta” pero que parecería ser inherente al ejercicio político.

@liondart dice: la violencia fue ejercida por el peronismo con la triple A, por el antiperonismo en la dictadura, por la Libertadora, y así, se resigna, a que el modo de avanzar es –y bueno- un poco pisándonos la cabeza entre todos.

Es cierto lo que dice: la violencia forma parte de nuestra historia de una manera insoportable desde la fundación misma del Estado nacional.

Parece una condición, damos eso por entendido acordamos que sí, que es así, “la violencia funciona” pero ¿acordaríamos en imaginar siquiera  otra forma de funcionamiento de la política?

No es muy alentador, si empezamos por el modo de discutir, leer algunos tipos agresivos, nos da ganas de radicalizarnos, o peor, de no querer ni asomar la cabeza, total, te van a maltratar y van a decirte nazi o a acusarte de cobrar del kirchnerismo o de la corpo. A meterte adentro de algún prejuicio de ellos. 

4) La municipalidad de La Paloma tiene unos carteles -los que pego en este post-  que me dejaron pensando en cómo tendríamos que hacer para prestarnos más atención, para cuidarnos entre nosotros un poco más, para no salir corriendo a pedir más Estado –por ejemplo- en los recitales, en los conglomerados donde se juntan muchas personas, en cualquier lugar donde se juntan multitudes, cómo podríamos hacer para crear unas reglas, sin decirlas, para cuidarnos entre nosotros, pongo el ejemplo del recital, porque me parece que ahí hay un acuerdo mínimo, un reconocimiento más fácil, más instantáneo con el otro, que vas, que el otro va, como vos, que comparten el gusto por la música, tienen la misma remera quizás, ninguno quiere salir lastimado y si alguien quiere, tendrá cuidado, de no lastimar a nadie más, podríamos hacer demostraciones de ser más articulados socialmente, empezar en algún lado, en algún momento, con algún grupo de personas, de abajo para arriba, de lo micro, no por ser bueno, eh, nada que ver dios en todo esto, más por el deseo de que exista una ética para cuidar al otro, y que eso es realmente conveniente para todos. Que eso sería una forma de hacer una política entre nosotros, no condenada a la violencia. 


awesomepeoplehangingouttogether:

Groucho Marx and George Carlin

awesomepeoplehangingouttogether:

Groucho Marx and George Carlin

1983

El jueves iba en el 39 por Talcahuano justo cuando las cámaras de televisión entrevistaban a un tipo alto y grandote. Apenas llegué a la oficina, leí en las noticias que media hora antes el dueño de una joyería había matado a un ladrón. A la vuelta de mi trabajo, sobre la calle Salta, hay dos prostíbulos. Muchas veces, como a las siete de la mañana, veo chicas muy jóvenes asomarse, salir, entrar y subirse a autos; también varias veces veo autos de la policía estacionados muy cerca. Vivo en el mundo. Entonces sé que está todo mal, que hay personas que matan a otras, que explotan a otras, que mientras vos vas en el colectivo, mientras vos vivís, hay algunos que matan a otros, que someten a otros, que abusan. No vivo mirando mi propia vida ni soy ingenua. Aún con ojos optimistas, el mundo es una mierda. Hay personas que maltratan, que no hacen nada por ser mejores, por armar vínculos mejores. Lo sé. Igual, igual, quiero contar una historia de fe en las personas.

El año pasado tuve la suerte de ser incluida en un grupo de trabajo que investiga e intenta escribir sobre  la transición democrática argentina, una tarea hermosa, para mí, educativa.  Consistió en leer libros, varios de Raúl Alfonsín, uno de Horacio Verbitsky llamado  La posguerra sucia, una antología llamada Discutir Alfonsín que compré con entusiasmo pensando que era un poco más generoso que Verbitsky y que me terminó gustando mucho, en especial el artículo que habla de los derechos sexuales, bueno, y muchos otros libros más.

En casi todas las lecturas de la época hay acuerdo en cuanto a la impresentabilidad del candidato peronista. Ni se gastaban mucho en defenestrarlo porque Luder se enterraba solo cuando prometía perdonar a los militares y volverlos a convocar si hiciera falta “para contener a las fuerzas de la subversión”; Luder se mataba solo con esos actos de violencia, con esos actos que mostraban cosas relativas a la violencia y a la muerte o a los muertos que vuelven, los zombies, como es una constante, en cierta estética de los dos partidos tradicionales, las estampitas, la muerte, los muertos, que vuelven, los zombies.  De todas maneras, la mayoría de la sociedad no se alió con la muerte en aquel momento y ganó Alfonsín –aún- cuando todas las encuestas en los diarios de la época daban ganador al peronismo.

Y aprovecho para decir –por si me lee alguien que pueda tomar cartas en el asunto- que es lamentable y alarmante el estado de los diarios en la hemeroteca del Congreso de la calle Alsina.

Entre las horas robadas al ocio para ir a la hemeroteca, para leer y escribir, las que más me gustaron fueron las horas de escuchar y conversar con personas que vivieron esos momentos.

Por ejemplo, Nela. Ella es una mujer flaca y coqueta que sin embargo casi nunca habla de ropa y siempre está preocupada y enterada de los asuntos públicos, pero a veces triste, como añorando una cosa que ella conoció de dirigentes radicales con los que trabajó, algo que podría definirse como decencia para ejercer la función pública. Algo así, perdido, anticuado. Nela habla siempre de Illia y a veces se le llenan los ojos de lágrimas. ¿Por qué no se puede ser sentimental con Illia o con Alfonsín? ¿Eh? Me hubiera pasado mil horas escuchándola.

Sé que puede enojarse por esto que escribo, pero la verdad lo que me dijo es importante y yo se los quiero contar:  

Nela trabajaba con Antonio Tróccoli, que fue el ministro del Interior de Alfonsín durante la transición democrática. Imaginen habitar un despacho que antes había sido ocupado por los militares. Imaginen también que muchas de las personas que trabajaban como administrativas de ese estado autoritario siguieron trabajando en el traspaso a la democracia; Alfonsín tenía una idea clara sobre eso, me dice Nela, y le creo porque Alfonsín antes de ser Presidente ya había escrito varios libros, artículos, había comprometido su opinión en temas ásperos como la guerra de Malvinas, era un estudioso y un tipo que antes de llegar al poder tenía el plan de llegar al poder y el plan de cómo ejercer el poder.  Después hizo como pudo en un contexto salvaje, bueno, pero entonces Nela me cuenta que Alfonsín no quería echar así, sin razón, a las personas dedicadas a llenar formularios, a sacar fotocopias, a atender el teléfono. Y revivía también su propia reacción: le parecía una locura, ¿cómo se podía confiar en esa gente? Hasta que entendió un poco más el primer día que pisó el Ministerio del Interior.

El primer día de democracia en el Ministerio del Interior, el cuadro era el siguiente: antes de irse, los militares habían dejado escrita la orden de destruir todas las carpetas con información detallada sobre los desaparecidos. Nela se encontró con pilas y pilas de carpetas detrás de esas máquinas trozapapeles enormes que hay en las oficinas y que particularmente me gustan porque las más grandes parecen robots. Pero no me quiero dispersar con los objetos que parecen personas por más apasionante que me resulte el tema. Nela se fue encontrando con una administrativa, con otro, que brotaban de los rincones como “the others” en Lost y todavía con miedo, en voz bajita le decían que no, que no habían obedecido esa orden final. Que ahí estaba toda la información sobre los desaparecidos. Y ahí lo entendí a Alfonsín, me dijo Nela, entendí por qué había que confiar y darle una oportunidad a las personas. Ese día Nela revisó una por una las carpetas, organizó por nombre, lloró, miró fotos, todo tirada en el piso, rodeada de carpetas, que después entregó a la APDH, que después fueron a la CONADEP que después fueron al Nunca Más, que después sirvieron en el Juicio a las Juntas.

Otra cuestión reveladora de esa época es el debate parlamentario por la derogación de la Autoamnistía, la primera Ley que mandó Alfonsín al Congreso. El bloque peronista decía que el tema era tan importante que no lo querían aprobar así nomás el primer día. Los radicales decían que no había nada más que pensar. Que había que derogar ese autoperdón de los militares para poder juzgarlos. Históricamente en el país los militares se habían autoamnistiado. La ley salió. Y gracias a que salió se pudo hacer el Juicio. Y el Juicio sigue siendo una experiencia inédita en el mundo que sirvió como modelo para otros países.

Néstor Kirchner dijo en 2004 que durante veinte años se había hecho silencio sobre el tema de los derechos humanos en el país y se mostró descolgando el cuadro de Videla, heroico, rodeado de militares recuperados, rodeado en definitiva de la democracia que su propio partido no estuvo muy claramente comprometido a defender en esos años, en los que, todos los países de alrededor vivían dictaduras, la deuda externa argentina era enorme, todo era nuevo. Néstor, con todo a favor, con la democracia consolidada no reconoció el enorme trabajo iniciado entonces. 

Pero bueno, si uno mira la historia -los hechos históricos- no puede esperar nunca gestos de grandeza de un hombre como fue Néstor. 

Parece como que ya no fueran tan importantes los hechos y todo girara en torno a la percepción que la mayoría tiene de los hechos.

Pero todo esto me queda grande y mejor cuento algo más:  

Nela, en el ‘83, recibía a todos los que venían a ver a Tróccoli. Imaginate, me decía, un sacerdote entrando como loco a pedir que saquen de cartel una película ofensiva para la Iglesia. Imaginate que en la dictadura ese hombre tenía poder, era escuchado, ahora había que decirle que no, que nada que ver, que sus reclamos ya no tenían nada que ver, que el sistema era otro. Fijate en el día a día cómo había que ir cambiando las reglas de convivencia, el trato diario con las personas.

Hay muchas más historias que me contó Nela, entre otras una sorprendente tiene que ver con los presos, con todos los que estaban presos al momento de asumir Alfonsín. Había que verificar quién estaba preso por qué, liberar a quiénes correspondiera, considerar caso por caso. Un trabajo monumental. Pero antes Alfonsín ordenó al ministerio de Interior poner en marcha un operativo para mover a todos los presos a sus provincias, para que pasaran las fiestas cerca de sus familiares.  No sé como lo hicimos, pero lo logramos, me dijo Nela.

Twitter ya es un recuerdo

http://www.youtube.com/watch?v=QwrbyVaC6EU&ob=av2e

1- Me enteré de la muerte de Néstor por un tweet de Victor Hugo Morales. O sea como vive en otros el recuerdo del audio de la radio de la muerte de Evita, algo así.  

2- Como me había mudado hace poquito empecé a usar un colectivo nuevo: el 168, uno de los primeros en incorporar en todas sus unidades el sistema SUBE -que hoy ya está en casi todas las líneas. Un día alguien que no conocía, digamos que su nombre es Jota, puso en tuiter algo sobre el 168. Respondí. Después puse algo sobre un Festipulenta, y agregué ¿quién va? y Jota respondió que iba -en el 168. Nos conocimos y nos hicimos amigos, hablamos horas por chat, fuimos a varios recitales y al BAFICI, -ah- y jugamos al paddle. No hubo intenciones románticas. O no fueron atendidas. Hoy capaz que vamos a Niceto a ver a los 107 faunos y a Rosario Bléfari.  Jota es el primer amigo que conocí en tuiter. Lo que para mí es una fiesta, o festejable, es comprobar que tenés mucho en común con algunas personas, es políticamente poderoso, mirá todo lo que tenemos en común, mirá cómo nos podemos ayudar a ser más felices. Algo así. Políticamente bio. No políticamente militante. 

3-Lo mejor es que cuando uno se va a informar a twitter lo hace con varios. Es algo así: la información está toda ahí dando vueltas en la nube, en los diarios, los blogs, etc. El ejercicio colectivo es como una especie de curaduría, es elegir qué leer, señalar lo interesante, marcar los párrafos más desopilantes. Se vuelve un ejercicio crítico entre varios, se vuelve una conversación entre varios que puede terminar mal o bien, pero siempre es libre y más sana, creo yo, que quedarte solo masticando la bronca de fumarte a los que hablan en nombre de las mayorías. También es social: son de primera mano las recomendaciones de películas, de música, restaurants, reuniones, bicicletas, lo que sea te lo va a decir uno como vos, no uno que lo vende. Tengo encima varias organizaciones de cenas por DM y ni hablar de las experiencias exitosas de los amigos que resuelven amor y sexo por DM. No es mi caso. Pero no hay que negar que eso anda muy bien también. 

4- Un día estaba tuiteando algo que había pasado en un asado en mi casa y tuve un llamado en vivo, de una amiga, diciendome ¿eso es sobre mí? Un aprieto, malentendidos. También.  

5- En otro asado sonó el celular de un amigo, atendió, puso cara de preocupado, juró que estaba cenando, que no era él y después empezó a llorar de la risa, resulta que había uno que le había robado la identidad, o sea había abierto un tutier con su nombre y puteaba a todo el mundo. Los que intervienen tuiter. 

6-No digo que el futuro sea esto, porque el futuro es una cosa que siempre se está moviendo allá adelante. Pero si digo que el pasado es negar que eso existe y cambia las formas de relacionarse, no voy a decir las revoluciones que se organizan blá blá porque ya lo pensaron todos los que piensan con los moldes para pensar las cosas, me aburre, para mí lo interesante es el día cotidiano de una persona que se levanta, se informa de lo que quiere, opina, discute, canta una canción, y no tiene que ver con estar solo o al pedo sino con una inquietud de algunos de salir a la vida pública a ver qué pasa, a ver qué piensan los amigos, y los enemigos, y disputar las palabras y expresarse, que no olvidemos, quiere decir salir de la prisión.  

7- O sea que los recuerdos de un grupito re chiquito de nabos -pero nabos de esta época- para dentro de cuarenta años van a tener pajaritos celestes, ruiditos de tweetdeck, arrobas, #FF y muchos buenos chistes y muchas buenas ideas. No te digo resistencia, ni batalla cultural porque me queda enorme. Es sábado a la mañana y me dieron ganas de festejar esta época. Agarramos tuiter y lo hicimos bolsa. Mientras algunos hablan de Gutemberg y del capitalismo salvaje.  

8- Una última cosa: “you only get what you give away, you only get it, if you give it away” así dice la letra de la canción de Is Tropical que les puse ahí arriba. No supe como hacer que aparezca el video pero la idea era que escucharan y leyeran al mismo tiempo. 

Tengo preguntas

¿Por dónde empezás a explicarle a alguien que tiene la cabeza en cero, cómo hacés el ejercicio chiquito de desmenuzar, de explicarle a un alien, le robo la idea -porque me sirve para pensar- a Angeles Salvador:

¿Cómo le contarías a un alien la asunción demencial de ayer?

¿Por dónde empezás? 

¿Cómo se mira lo de ayer, pero te digo mirarlo de muy cerca? ¿Qué significan los gestos exagerados, los llantos, las invocaciones?¿Por qué genera en algunos tanto desconcierto, miedo, o angustia, o intuición de que todo eso está mal, o puede terminar muy mal, o es mentira, o es tan irracional que puede habilitar cualquier cosa? ¿Qué tiene que ver la política con todo eso? 

¿Es la creación de una subjetividad? ¿Miles de individuos sintiendo un mismo sentimiento basado en una creencia? ¿Nadie va a decir la verdad? ¿Cuáles van a ser las consecuencias? 

En los primeros lugares de mi listado de películas favoritas

En los primeros lugares de mi listado de películas favoritas

Cartas Profanas de Luis Mattini

Comparto un pedacito de una carta apócrifa de Witold Gombrowicz a Robi Santucho, de una novela que hizo el ex PRT-ERP Luis Mattini. Le habla en tono de gastada, pero son amigos. 

“…Ahora vos transformar en comandante disciplinado y disciplinador, vos escudar en el idealismo de la “gran causa”, tan grande que exceder Tucumán, exceder la Argentina, abarcar todo continente. Bolívar quedar hecho poroto al lado tuyo. Robi, cuánto de enorme y sublime debe ser tu bárbaro instinto para cargar sobre espaldas el invento de una guerra, no sólo larga en tiempo, sino también extensa en geografía y planificar tan minuciosamente que no dejar un mínimo lugar para azar…

Y yo decir, por otra parte, que el inaudito grado de utilitarismo que emanar semejante estrategia confirmar mis dudas sobre la sinceridad de ese idealismo revolucionario. Vida misma pasar a ser utilitaria a estrategia. Vida, sentimientos, amor, arte, las amistades, todo convertir en utilizable, todo tener valor sólo en esa relación. Sarte o Gombrowicz valer no como poetas, filósofos, personas, amigos, sino por poder servir a estrategia. Vos tratar a nosotros como condones y luego tirar. Teatro, cine, pintura, literatura en función de esa estrategia, y pa peor, de esos estrategas. Ya que vos nombrar Ionesco, yo copiar a vos frase de él: “Si es absolutamente necesario que el arte o el teatro sirvan para algo, será para enseñar que hay actividades que no sirven para nada y que es indispensable que las haya”.

http://www.lafogata.org/recopilacion/luis.22.2.htm

awesomepeoplehangingouttogether:

Neil Young, Dave Matthews, John Mellencamp and Willie Nelson

awesomepeoplehangingouttogether:

Neil Young, Dave Matthews, John Mellencamp and Willie Nelson

¡FREE HUGS!

¡FREE HUGS!

Amanda, por Paula Castro
Eagles of Death Metal – Addicted To Love

Whoa you like to think you are inmune to that stuff oh yeah

Deriva X 4, pensando en voz alta, parte uno
1983
Twitter ya es un recuerdo
Tengo preguntas
Arcade Fire – In the Backseat

elempate:

DESDE EL ASIENTO DE ATRÁS

El iTunes tiene un contador, mamá, no lo vas a entender pero juguemos a que sí, que dice que la canción que más veces escuché este año es In the backseat, de Arcade Fire. Es incómodo que ese aparato sepa tanto de mí mismo, o es otro indicio de que la CIA nos tiene agarrados de los huevos. Pero se puede pensar menos torcido, para el lado de los inocentes: capaz que esa función nos ayuda a conocerme un poco.

Cuando empieza, la canción es una chica que puede tener catorce años o veinte o veintisiete: puede tener la edad que quiere pero todavía no se dio cuenta. Puede cantar y lo sabe; podría volar y no lo sabe, podría coger, robar un banco, tiene un vestido largo con lunares. La tela del fondo es beige, los círculos son grandes y de un color pastel que no es amarillo porque no se anima. Es la mujer de Truman Burbank, su sonrisa impostada, vendiéndole al marido un artículo de cocina que cumple tres funciones. Es Julianne Moore en Las Horas, sentada a su mesa de roble, su hijo enfrente, la torta que cocinó para el marido, su amiga torta, los labios en los labios de ella, el mundo que no le enseñaron, los grises infinitos entre la ingenuidad y las ganas de saltar, el miedo.

Está sola contra sí misma, mirándose a los ojos, y de a poco es un boxeador sentado en el banquito, agitando los gemelos y el protector bucal desde la planta del pie. Hay un fuego circular, una olla arriba, agua adentro. Cuando se liberan las burbujas nace una guitarra blanda y la chica dispara su voz aguda con menos pudor. En adelante, hasta el fin de la canción y hasta el fin de los tiempos, se hamaca sobre un violín. El viaje es un péndulo que se estira y es conmovedor mirarla, porque el vestido se infla con el viento y le dibuja las piernas escondidas.

Por un momento se retira al desierto, a tomar agua en silencio, son cuarenta días y cuarenta noches o son cuatro segundos, no importa, pero importa que está sola, que piensa en lo que está por hacer, que sabe que va a haber quilombo. No es que dude, es que respira. Entonces infla los pulmones y vuelve, primero al paso, después al trote, después como un tren y en forma de ruido, pero atrás del ruido están sus verdades, todas las que supo conseguir y quedan dichas para siempre, entre llantos y trompadas. La hamaca de violines se ensucia, hay algo que distorsiona el péndulo y oxida las cadenas, porque cualquier revolución persiste entre las piedras, para adelante pero entre saltos. Si esto fuera Hollywood, ella abriría los brazos mirando al cielo, tomada desde abajo para la victoria, y empezaría a llover. El agua le plancharía el pelo y la camisa hasta el relieve de los pezones, lo suficiente para ser elegante pero no porno. Pero la realidad usa menos resaltadores y ya dije que ella usa un vestido con lunares, querámosla así. El souvenir del viaje es un estado de conciencia absoluto sobre las batallas propias, que son las únicas que importan.

Cartas Profanas de Luis Mattini

Acerca de:

Quimey Lillo

Siguiendo: